Publicación de Habitar el Tiempo
A veces nos sentimos bajo el azote de un fuerte temporal de emociones, dificultades y exigencias que nos dificultan mantenernos a flote. Momentos en los que los automatismos poco sanos se activan para tratar de liberar el exceso de tensión.
Rafael de Silva
Tocar tierra, llegar a buen puerto son expresiones de un pasado marítimo en el que los navegantes en alta mar estaban expuestos a mucha, mucha incertidumbre, riesgos, inclemencias, penuria, sintiéndose desamparados en sus dolencias y sin opciones de ir a ningún lado.
En sus mentes la idea de llegar a tierra, máxime cuando las condiciones de navegación eran especialmente hostiles, les ayudaba a mantenerse, nunca mejor dicho, “a flote” pues sabían que en tierra firme podrían recuperarse, abastecer y fortalecer antes de la siguiente ruta.
Haciendo un símil, hay situaciones en nuestra vida e incluso momentos a lo largo del día, en el que nos sentimos bajo el azote de un fuerte temporal de emociones, conflictos, exigencias, dificultades…, y nuestra herramienta preferente (la mente), nos mantiene en un estado de alerta intensa, de tensión continua y angustiosa en la que nuestro barco empieza a zozobrar.
Empezamos a sentirnos incapaces de fijar el timón hacia ningún rumbo, hacia ninguna acción o toma de decisión. Perdemos la capacidad de prestar atención, de priorizar, de ponderar, de equilibrar, de gestionar… NADA. Es el momento de tocar tierra, de amarrarnos al mundo de lo tangible para poder ordenar, reponernos y descansar ante de iniciar de nuevo el rumbo.
Una fecha límite de entrega que se te ha echado encima, un cliente enervado, un proveedor que no responde, tu responsable directo que te aprieta y aprieta, te llaman del colegio porque la tutora de tu hijo tiene que hablarte de un conflicto que ha tenido, algo que nunca te había sucedido y que no suena nada bien. Tu madre te manda un mensaje de voz dictatorial y algo hostil «¡cuándo vas a venir a verme!», mientras una notificación en tu móvil te informa de que tu línea de tren, esa que usas todos los días está suspendida por una incidencia que no tiene visos de resolución, y a la vez en tu agenda salta el aviso para que no olvides la revisión médica que tienes esta tarde y que conseguiste tras 3 meses de espera…
Sí, sí estás en pleno temporal. Y se disparan ciertos automatismos que de forma no consciente tratan de aliviar este exceso de tensión y muchas veces angustia: morder el bolígrafo, o las uñas, tirarte del pelo arracando algo de cabello, urgarte las costras, quitarte las durezas de la piel y «pellejitos» de los dedos, no dejar de engullir frutos secos o golosinas y un amplio abanico de posibilidades dignas de incluirse en un monográfico cuyo título podría ser «Estrategias autolesivas para no perder la chaveta». Las hay más o menos dañinas pero todas tratan de cumplir esa misión de «tocar tierra”.
Pero, ¿y si lo hacemos conscientemente, de una forma no dañina y que nos ayude a capitanear el barco en plena tempestad?
Si has hecho el curso de mindfulness y eres practicante habitual, ya tienes varios recursos para estas situaciones. Y tanto si lo has realizado como SI NO, puedes usar la práctica “volviendo a puerto” ideal para situaciones en las que no te puedes retirar fácilmente (estás en alta mar) y no deseas que esa tormenta mental, física y emocional acabe engulléndote.
Al igual que otras propuestas de mindfuness, para ponerla en práctica es necesario en primer lugar reconocer, hacerte consciente cuando esa sensación de pérdida de control y de la tensión subyacente está presente, a veces los chivatos son esos automatismos poco saludables que ya nombré: uñas, pelo, durezas en la piel, comida compulsiva…
Y, muy importante, no te pongas de perfil haciéndote el duro a lo «Harry el sucio» bajo enunciados del tipo, «no, si yo estoy bien, tengo “callo” y puedo con esto y con mucho más». Ojalá sea así, pero… ¿y si en este momento no? y si sientes que la situación te va nublando la razón, te va bloqueando e inmovilizando, incrementando cada vez más esa angustiosa sensación?
Recuerda que verte en mitad de una tormenta forma parte de tu navegación por el mar de la vida y no depende de ti. Pero aprender a navegar en ella con solutura, depende exclusivamente de ti.
¡Acepta el reto! Y aprende mindfulness.
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