Publicación de Habitar el Tiempo

Yo soy / yo hago

Rafael de Silva

La categorización mental de la realidad es una necesidad para no perder el juicio y poder adaptarnos al mundo y sobrevivir en él. Esto nos ha llevado a evolucionar como ninguna especie. No obstante nos somete a cierta rigidez mental cuando no podemos experimentar a las personas más allá de la etiqueta que nuestra mente ha creado. Esto es fuente de conflictos y de pérdida de humanidad, pues «no es un ser humano que ha cometido un error, es un "inútil"»​

Sobre el yo soy

Nos apoyamos en las categorías mentales para ordenar nuestra experiencia de la vida, lo que nos permite aprender, evolucionar y relacionarnos con el resto de seres humanos con los que compartimos este trozo de roca.

Estas categorías se forman a través de nuestra cultura y nuestro lenguaje, y nos va muy bien en la mayoría de los casos. Sin embargo, la velocidad de procesamiento de nuestro cerebro es tal que aprendemos a vivir desde nuestro relato de la realidad y no tanto desde la realidad en sí.

De esta forma, se crean nombres y adjetivos que literalmente se disparan automáticamente imponiendo un filtro que nos impide atisbar la profundidad de lo percibido.

Por ejemplo, no hay una persona que lidera el departamento en el que trabajo, sino un jefe o jefa, con todas sus connotaciones en función de cómo te caiga o el juicio que tu mente emite a alta velocidad. Y si las categorías mentales y sus etiquetas calificativas condicionan tanto la experiencia de nuestras relaciones, ¿por qué no ponemos intención en dejar de encerrar a las personas en cajitas convenientemente etiquetadas?

Podemos aflojar el «soy o es» por un «me dedico a» o «ella realiza una función de». Por ejemplo, soy profesor de mindfulness, lo cambio por un ahora me dedico a dar clases de mindfulness. De esta forma, rompemos el filtro mental y podemos reconocer al ser humano que somos o con el que nos relacionamos.

Te propongo que empieces por ti en esa autocorrección y si tienes confianza y ganas, también puedes invitar a algunas personas a realizar el mismo ejercicio, pues comprobarás así que muchas de sus inquietudes y dificultades, al igual que las tuyas, se asientan en una categoría mental que lleva implícita una serie de ideas de lo que debe ser o no, como madre, como padre, como trabajador o trabajadora, como pareja.

Cambiemos el «es que yo soy muy nerviosa» por un «tiendo a la impaciencia e inquietud», lo que abre las puertas a evolucionar en contraposición al inmovilismo del yo soy.

Te vas a tropezar con algunas dificultades en el lenguaje y alguna que otra confrontación personal, pues eso de que te estén corrigiendo el lenguaje exaspera a más personas de las que te imaginas. Pero confía en mí, todo son beneficios. Te invito a que compartas en el grupo de la mindfulness esas dificultades y anécdotas. Buena práctica.

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