Publicación de Habitar el Tiempo

El apego por las cosas

Rafael de Silva

La mente racional dicta, «claro, es el momento, no tiene ningún sentido, ¡deshazte de ello!», pero el cerebro emocional vacila, duda, tiembla e incluso agrede a cualquiera (incluido uno mismo), que insinúe que hay que deshacerse de ello. Cuando tienes apego a un objeto, parece claro que no es con el objeto en sí con el que estás vinculado emocionalmente, sino que lo estás con el símbolo, con lo que representa emocionalmente en tu psique

Apego a los objetos

Necesito hacer “limpieza” pero NO puedo».

Llegó el momento del cambio o reordenación de las cosas y objetos que has acumulado durante un tiempo. 

Momento que tiene orígenes variopintos como los cambios de estación y clima con la consiguiente puesta al día de la vestimenta y accesorios de temporada (hábilmente aprovechados por la industria de la moda para que cambies “sí o sí”). Una mudanza que pone patas arriba y revuelve hasta la médula todos tus vínculos emocionales con los distintos objetos. Un cambio laboral, una reforma de tu vivienda, una nueva afición, te quedas sin espacio en casa y los armarios están con las paredes agrietadas a punto de estallar, una ruptura sentimental o pérdida de un ser querido…

En fin, bien porque lo tenías previsto como una sana limpieza periódica o bien porque la vida te ha puesto en esta situación, salen a la luz los vínculos que has establecido con los distintos objetos.

Tu resistencia a ponerte con ello apoyada en el mecanismo psicológico de evitación, tratan de mantener bajo la alfombra este “momentazo”. Sin embargo poco a poco, de forma lenta e imparable surgen por debajo las raíces de la incomodidad, de cierta angustia que comienza a enredarse entre tu pies, bloqueándote, dificultando tu respiración y desarmando cualquier decisión mientras ascienden implacables hasta tu corazón. ¡Es oficial: parálisis!

¡Qué no cunda el pánico! Conocer el origen de estos apegos y aplicar con destreza las habilidades que has aprendido con mindfulness, te ayudarán a sobrellevar este momento de forma más ligera y amable.

Entendemos y aceptamos que deshacer los vínculos que se han generado con otras personas a lo largo de nuestra trayectoria vital no es sencillo, pues de alguna forma este establecimiento de vínculos ha sido pieza clave para nuestra supervivencia como especie. Pero cuando nos referimos a este entrelazamiento con objetos, da que pensar.

¿Por qué ese trozo de piedra del volcán de la isla de Palma que te trajo tu madre de su viaje de bodas de plata, pesa más en tu corazón que toda la isla? ¿Y ese trozo de tela raído de una mantita de tu infancia que defenderías por encima de tu pareja si fuera necesario? ¿Y qué me dices de la idea de deshacerte de esos patines en línea que te compraste con la ilusión de dedicarle todos los fines de semana un buen rato para disfrutarlos y que aún conservan su envoltorio original, años después? ¿Y el aparador de la entrada que lucías con orgullo cuando venían a visitarte en tu época de periodista y que ahora impide que puedas reformar el enmohecido recibidor porque te niegas a deshacerte de él? ¿Y las desgastadas zapatillas de correr que tanto te costó conseguir y que ya no podrás usar a causa de una grave lesión? ¿O la barbacoa de obra que pusiste en un trocito de tu jardín para dar fiestas y que a penas ha dado calor a una docena de sardinas y hay que demolerla porque la vaya que hay detrás se cae a trozos? 

El coche que gasta más que anda, chaquetas raídas, una vieja pluma que no funciona, el portátil de última generación que usas para cotillear las redes sociales y que pasa más tiempo en la funda que conectado a internet, el reloj de tu adolescencia que ha perdido una manilla, la flauta que nunca soplaste, la librería de época que contiene una docena de ejemplares y ocupa toda la pared, la colección de libros de filosofía cuyas páginas no han visto la luz, la máquina de coser con la que realizaste unas cuantos modelitos y para cuyo funcionamiento ya no existen piezas de recambio… Puedes dedicar un buen rato a rellenar los puntos suspensivos pues seguro que, al igual que yo, no faltan objetos que o ya no sirven, no usas, o tiene funcionalidad alguna.

La mente racional dicta, «claro, es el momento, no tiene ningún sentido, ¡deshazte de ello!», pero el cerebro emocional vacila, duda, tiembla e incluso agrede a cualquiera (incluido uno mismo), que insinúe que hay que deshacerse de ello.

Cuando tienes apego a un objeto, parece claro que no es con el objeto en sí con el que estás vinculado emocionalmente, sino que lo estás con el símbolo, con lo que representa emocionalmente en tu psique ya sea de forma explícita: «tengo claro que el trocito de sábana de mi infancia que conservo a mis cincuenta evoca sentimientos de cuidado, protección, y de seguridad como pocas veces he tenido», o de forma no consciente: «no lo voy a tirar y punto»

Y no, no estoy insinuando que tienes que deshacerte de ello porque lo dicta nadie, más bien es una invitación a tomar conciencia cuando el apego por un objeto se convierte en un obstáculo que te impide avanzar de forma sana y ligera. ¿Y si es el momento de terminar un capítulo para poder continuar con la historia?

Para ayudarte en la comprensión de estos apegos, algo de teoría desde la psicología te puede venir bien. Diversos autores definen algunas categorías de apegos por objetos en las que quizá te reconozcas, lo que te ayudará a tomar más conciencia y obrar en consecuencia.

Apego de transición. Objetos a los que nos aferramos ante la incertidumbre del nuevo ciclo vital en el que nos adentramos. «Vale, me voy a una residencia universitaria, pero me llevo mi almohada». El objeto puede simbolizar estabilidad, seguridad.

Apego sentimental del que no hay mucho más que definir. El objeto se convierte en el puente que mantiene el vínculo con experiencias y/o relaciones significativas. «Hace más de dos años que perdí a mi pareja, pero no podría mirar mi mano desnuda sin el anillo que me regaló». El objeto ayuda a evocar recuerdos y sentimientos positivos del pasado, ayudando a las personas a mantener una conexión con experiencias y personas importantes.

Apego de identidad, cuyo objeto me ayuda a construirme como ser humano y mi lugar en el mundo «Este es el cojín de meditación que uso cuando doy clases de mindfulness». El objeto puede simbolizar logros, etapas, misión.

Independientemente de en qué categoría puedas ubicar tu apego por un objeto, lo más importante es reconocer si te favorece o perjudica. ¿Es bueno para ti y/o para las personas con las que convives? Si la respuesta es afirmativa “ni lo toques”. Si por el contrario este apego te afecta negativamente a ti o las personas de tu entorno es el momento de plantearte una estrategia de intervención.

Desde mindfulness tienes algunas propuestas que te ayudarán en tu decisión para decidir a esos objetos que se te “atragantan” y te dificultan avanzar. Las encuentras en el proceso de des-identificación, en la profunda aceptación del principio de impermanencia, en la sanación de las emociones y en una exquisita amabilidad en la que no te juzgas por lo que sientes respecto a los objetos.

Y más allá de mindfulness si el apego negativo es excesivo y deriva en un desorden de acumulación, es el momento de acudir a un profesional sanitario para que te ayude a recuperar el rumbo de una vida saludable y satisfactoria.

No quiero terminar esta publicación sin mi semilla de sostenibilidad para cuando hayas decidido deshacerte de estos objetos de los que te has desapegado. Según su estado y posibilidades, bien puedes: donar, transformar o adaptarlos para otro uso, usarlos como regalo, vender o intercambiar en mercadillos físicos u online y cualquier otro uso que incluso puede ayudarte y motiva a deshacer el apego, por ejemplo «me cuesta menos deshacerme de mi guitarra si se la doy a alguien que la va a usar para interpretar música» Nuestro planeta te da las gracias 🌱

Quizá te interese...

Aprende o profundiza en Mindfulness

Sesiones Individuales

Escuela de Mindfulness Habitar el Tiempo

© Copyright 2012 Rafael de Silva. Todos los derechos reservados.

Para estar al día...

Contacto con Habitar el Tiempo
Logotipo Habitar el Tiempo

Solicita tus Sesiones