Publicación de Habitar el Tiempo
En nuestra cultura, el lema «si tú quieres, tú puedes» se ha convertido en un mantra motivacional ampliamente aceptado. Se nos enseña que la voluntad personal es suficiente para superar cualquier obstáculo y alcanzar cualquier meta.
Sin embargo, detrás de esta afirmación aparentemente positiva se esconde una realidad más compleja. Aunque el mensaje tiene la intención de inspirar, puede generar consecuencias negativas como la culpabilización individual, la invisibilización de factores estructurales y el desgaste emocional.
Por ejemplo, una persona se puede sentir culpable cuando recae sobre ella toda la responsabilidad de que llegue a buen puerto su proyecto, ignorando factores externos como desigualdades sociales, barreras económicas, o problemas de salud física y mental.
De la misma forma este lema promueve la idea de que todas las personas parten desde un punto de igualdad, cuando en realidad no es así. No es lo mismo intentar emprender desde una comunidad con pocos recursos que desde un entorno personal y social que facilite un apoyo financiero y de conocimiento.
Y qué decir tiene de los efectos que tiene este “mantra” cuando se mantiene una sensación continua de “no llegar”, que contribuye al agotamiento, la ansiedad o incluso la depresión, al colocar una carga irreal sobre la persona. El síndrome de “burnout” (estar quemados) es el síntoma más habitual de este factor.
La idea de que sólo la voluntad personal es suficiente es una fantasía que ignora factores clave como los conocimientos, habilidades, actitudes y recursos necesarios para enfrentar los retos del mundo real.
El deseo de alcanzar una meta es sólo el punto de partida. Para que ese deseo se materialice, es fundamental contar con los conocimientos adecuados. Por ejemplo, alguien que sueña con emprender un negocio puede tener toda la motivación del mundo, pero si no comprende conceptos básicos de finanzas, marketing o administración, las probabilidades de fracaso son altas.
La educación, ya sea formal o autodidacta, es el puente que conecta la intención con la acción efectiva. Además, el acceso a información confiable y actualizada es indispensable en un entorno donde las reglas del juego cambian constantemente.
El conocimiento por sí solo no es suficiente. Las habilidades —la capacidad de aplicar ese conocimiento en contextos reales— son igual de importantes. Estas habilidades pueden ser técnicas, como manejar herramientas digitales o hablar un segundo idioma, o personales, como la comunicación efectiva y la gestión del tiempo.
Por ejemplo, un aspirante a escritor puede tener un profundo conocimiento de literatura, pero sin desarrollar la habilidad de estructurar sus ideas o gestionar su tiempo para escribir regularmente, será difícil que publique su obra. Las habilidades son la manifestación práctica del aprendizaje y un componente esencial en la ecuación del logro.
El lema “si tú quieres, tú puedes” subraya la importancia de la actitud, pero a menudo de manera simplista. Más allá de la motivación inicial, se requiere una mentalidad realista, resiliente y orientada al aprendizaje continuo.
El éxito rara vez es lineal. Las personas que logran sus objetivos no sólo están motivadas, sino que también saben cómo adaptarse a los obstáculos, dificultades, imprevistos y aprender de ellos. La actitud incluye la capacidad de manejar la frustración, mantener la disciplina y ser lo suficientemente humilde como para buscar ayuda cuando sea necesario, pues la autosuficiencia absoluta dificulta cualquier proyecto por sencillo que parezca sobre el papel.
En este sentido las actitudes que se cultivan con mindfulness pueden ser tus grandes aliadas:
Uno de los grandes vacíos del lema es que rara vez se habla de los recursos necesarios para convertir el esfuerzo en resultados tangibles. Los recursos pueden ser materiales (dinero, herramientas, infraestructura) o inmateriales (redes de apoyo, acceso a mentores, tiempo disponible).
Lo queramos o no, la realidad es que el éxito no sólo depende del “querer”, sino también del entorno y de las oportunidades y recursos a los que se tiene acceso.
El lema “si tú quieres, tú puedes” puede inspirar, pero también es necesario contextualizarlo para que no genere frustración o sentimientos de culpa cuando las cosas no salen como se espera. Más allá del deseo, el logro requiere, conocimiento, habilidades, actitudes y recursos. Al adoptar una visión más realista y holística, podemos convertir nuestros sueños en metas alcanzables y sostenibles.
Y cuando te insinúen «querer es poder», respira profundamente y recomiéndales que lean esta publicación para evitar entrar en conflictos que nacen de la poca consciencia que existe cuando nos dejarnos llevar de forma automática por un lema tan inspirador como potencialmente dañino.
© Copyright 2012 Rafael de Silva. Todos los derechos reservados.