Publicación de Habitar el Tiempo
Hace ya tiempo que escuché una frase bien importante: «si no aprendes a parar y a escucharte, será tu salud quien lo haga». Aprende ahora.
Rafael de Silva
La idea de parar y no hacer nada suele ser una fantasía que muchas veces expresamos en momentos de cansancio y hartazgo de tantas y tantas complicaciones, exigencias y compromisos: «¡Estoy saturado! ¡Estoy harta! ¡No puedo más! ¡Necesito parar! exclamamos como una encubierta solicitud de ayuda ante la angustia que experimentamos.
Es el momento de reclamar tu espacio para pasar del modo hacer y hacer al modo SER, y que te propongo en este Mindful Tip incluir en tu día a día: ¡Para!
«Pero, pero, ¿para qué? Con todo lo que tengo que hacer, se me va a atascar todo y esto va a ir a peor». «¿Y qué van a pensar de mí si me ven que no estoy haciendo nada con la que tenemos encima?». Trampas mentales que psicológicamente se alimentan de un miedo a no reconocerte e incluso a no darte valor si no estás haciendo algo, pensando, planificando, recordando…, ¿Quién sería yo? Pero ese es otro tema.
Esta bien recordar que toda nuestra fisiología se orienta a la acción, activando nuestro sistema primario de alerta cuando percibimos una amenaza que puede ir desde lo más inmediato y real, generando un estrés adaptativo, hasta lo más hipotético y futurible: estrés no adaptativo o distrés.
Resulta que este último, por su presencia continuada que hasta hemos llegado a normalizar: «es que yo soy así», tiene un coste elevado, pues las hormonas del estrés, como el cortisol, cuando están presentes de forma repetida y continuada en nuestro organismo, provocan desequilibrios y desajustes de todo tipo, que pueden ir desde problemas con el sueño, conductas alimentarias poco sanas, reacciones emocionales desproporcionadas, pérdida de concentración, olvidos…, que también van a influir en tus relaciones, tanto laborales como personales.
No hay fórmulas mágicas, si bien la práctica de mindfulness lleva demostrando durante décadas ser una gran aliada para regular este estado tan pernicioso de alerta continuada.
En este sentido, practiques o no mindfulness, te traigo una propuesta para que experimentes los enormes beneficios de parar en tu día a día. No tengas miedo, que puedes dejarlo cuando quieras. Eso sí, para comprobar realmente su poderoso efecto, te invito a que te comprometas durante 3 semanas seguidas. Y después, desde tu experiencia de lo que te ha aportado o no, decidas con criterio si lo mantienes en tu vida. Pues la teoría está muy bien, al igual que los sabios consejos de la ciencia o de un maestro, pero nada, nada está por encima de tu experiencia.
Vamos con la propuesta. Parar y no hacer nada implica que aparezcan una serie de pensamientos e incluso sensaciones físicas que te van a contraatacar y justificarte por qué no deberías parar, impulsándote a volver al mundo del hacer y hacer sin detenerse. Momento clave, pues si te has comprometido con esta propuesta, es por algo, ¿no? Así que usa ese «algo», reflótalo y transfórmalo en tu motor para practicar sí o sí.
A nivel práctico, te propongo que si bien puedes usar ciertos entornos que favorezcan parar, como una sala de espera, en el transporte, esperando una reunión o cita médica, durante estas 3 semanas vas a reservar en tu agenda un tiempo y lugar para practicar de forma progresiva desde los 10 minutos de los primeros días hasta los 20 minutos hacia el final.
Tú marcas la progresión día a día. Puedes practicar en una silla o de pie, y sería muy interesante, sobre todo al principio, que el entorno favoreciera pocas distracciones. Por supuesto, los móviles y tecnología similar que lleves encima deben estar desconectados, lo que añade una dificultad mental adicional que cabalga sobre las posibles urgencias. Sin embargo en ese tiempo es improbable que tu desconexión provoque una situación de vida o muerte.
Si no meditas habitualmente, vas a necesitar un ancla que te ayude a que la corriente del pensamiento no te arrastre. Para ello, orienta tu atención al presente inmediato, percibido a través de tus sentidos, sensaciones del peso de tu cuerpo aquí y ahora, olores, sonidos, temperatura, tensiones corporales… Pero ojo, que es muy fácil que la mente confabule con lo percibido y construya historias de todo tipo. En cuanto percibas esto, con amabilidad, descarta esos pensamientos y conecta con la realidad física percibida.
No te frustres ni enojes, pues salvo que tengas entrenamiento, al principio los pensamientos tienen todas las de ganar. Pero no te olvides de que ya has tenido una victoria importantísima: has aparcado el hacer y hacer y te estás dedicando un tiempo a parar, lo que abre las puertas a una mejor salud y una mayor claridad y sosiego mental. Y todo esto sin grandes inversiones ni tecnologías ni complicaciones.
Sencillamente, para. Pasadas estas tres semanas, según tu compromiso, muy probablemente acabarás despertando en ti la conciencia de la necesidad de parar, sin tener que programarlo en tu agenda. Y lo practicarás, no desde la teoría, sino desde tu experiencia de cómo te has sentido y qué pasa en tu vida cuando las pausas forman parte de ella.
Te deseo una buena práctica.
© Copyright 2012 Rafael de Silva. Todos los derechos reservados.