Publicación de Habitar el Tiempo

Mindfulness y felicidad

Eva katharina herber

Es muy beneficioso buscar la felicidad de forma activa, pero necesitamos mantener la flexibilidad. Es posible tomar las riendas de la vida, pero no la podemos controlar. La vida simplemente ocurre, y no siempre ocurre según el plan.

Mindfulness busqueda felicidad

La ausencia de juicios es una de las actitudes fundamentales de la práctica de la atención plena. Trata de observar nuestra tendencia a etiquetar la experiencia con un juicio de valor, dependiendo de si nos gusta o no. Cada vez que categorizamos algo como “genial”, “horrible” o “aburrido”, dejamos que nuestra mente pase el momento presente por el filtro de las expectativas. Si lo que vivimos gana el calificativo de “positivo” nos sentimos bien, si por el contrario no está en línea con nuestras expectativas, sufrimos.

Practicar la ausencia de estos juicios tiene el propósito de aumentar nuestra capacidad de estar en el momento presente pase lo que pase, incluso si la experiencia es desagradable. Al no juzgar lo que vivimos, desarrollamos una mayor paciencia y ecuanimidad y se reduce la reactividad emocional en momentos difíciles. Una práctica que podemos utilizar con este fin es la ducha de agua fría. Meternos en una situación que solemos tildar como desagradable, nos da la oportunidad de observar cómo cambia la vivencia cuando dejamos de juzgar las sensaciones físicas que nos causa el agua sobre nuestra piel. Cuando dejamos pasar el juicio, disminuimos la resistencia a la experiencia tal como es, y así se nos agrava mucho menos.

Me ha pasado repetidas veces, al proponer esta práctica a los alumnos se han generado grandes sorpresas (por no decir protestas…). ¿Qué sentido tiene generar una situación en la que lo pasaremos mal a propósito, si lo único que queremos al final es aprender a ser más felices?

Es una pregunta muy buena. Hay muchos estudios científicos sobre el bienestar que han concluido, que una de las claves para la felicidad sostenible es una puesta en práctica constante, flexible y variada de diferentes hábitos de la felicidad, como por ejemplo cultivar buenas relaciones, practicar la gratitud, saborear experiencias agradables y celebrar nuestros logros. Es un acercamiento muy activo, donde la persona busca influir en su experiencia vital generando y buscando actividades que están en línea con su idea de felicidad particular. Si me gusta el tenis, me apunto a clases con un amigo. Si me encanta pintar, me paso el domingo por la tarde coloreando mándalas y cuelgo una foto en Pinterest para compartir ese trocito de belleza con los demás. Muy bien, según la ciencia. Pero, ¿qué opina el Mindfulness?

¿No es esa búsqueda de la felicidad un intento en vano de controlar lo que ocurre en nuestro momento presente? Si la práctica de la atención plena nos pide “no juzgar” nuestra experiencia de la vida, sea cual sea, y nos anima a aprender a vivir el momento presente tal como es, ¿no es incompatible con una búsqueda activa de la felicidad?

Esa aparente falta de coherencia también aparece en las enseñanzas budistas que dicen que todos los seres buscamos la felicidad, pero que la vida en esencia es sufrimiento (en pali: dukkha). ¡Vaya visión más desesperante y pesimista! Parece una batalla perdida. Pero no lo es.

La palabra dukkha es una palabra de muchos significados, entre ellos “descontento” o “incomodidad”. Decir que la vida supone incomodidad, parece una visión mucho más realista y menos dramática que decir que la vida es sufrimiento. De hecho, experimentamos incomodidad muy a menudo, pero no nos gusta llamarla sufrimiento. Cada vez que nos gustaría que algo sea de una determinada forma, pero por alguna razón no lo es, estamos experimentando dukkha. Y aquí está el punto clave: si una ligera incomodidad se trasformará en un auténtico sufrimiento, depende de nuestro nivel de apego a la expectativa que teníamos, o dicho de otra forma, de nuestro juicio negativo de nuestra experiencia.

Os pongo un ejemplo. Imaginemos a un amigo, Pedro, de 34 años: Pedro cree firmemente en la importancia de ser proactivo y tomar las riendas de su vida. Por eso, cuando tiene a su primera hija, reorganiza su jornada laboral para poder pasar tiempo en casa y disfrutar de los preciosos primeros años de su hija. Se imagina las tardes con ella, riéndose, dando paseos y jugando al cucú-tras. Pero, desafortunadamente, tras un año de intentar aterrizar esa idea enla realidad, Pedro se encuentra con una experiencia muy diferente. Cuando vuelve a casa del trabajo está cansado, muchas veces no consigue desconectar y no siente mucha energía para jugar. Toca preparar la cena, hacer recados o planes para el fin de semana, que por supuesto quiere disfrutar con toda la familia. Eso era al final su idea de una vida feliz. Además, resulta que los paseos, que da cuando tiene tiempo, tampoco son lo que se imaginaba, porque su hija no quieres estar en su carrito más de 20 minutos. Muchas veces, prefiere estar en brazos de mamá. Pedro se siente cada vez más frustrado. ¿Qué puede hacer? Su intención fue muy buena, pero la realidad de su experiencia no le acompaña. ¿Debería dejar de intentarlo y ajustar sus expectativas a lo que tiene? No necesariamente. Una forma más adaptativa para gestionar la situación sería seguir caminando en la dirección de su visión (es decir, actuar acorde con su plan), pero aceptar los contratiempos que aparecen por el camino, sin juzgarlos.

Eso es a lo que se referían las enseñanzas budistas hace miles de años, y lo que nos confirman los estudios científicos de la Psicología Positiva (la ciencia del bienestar). Es muy beneficioso buscar la felicidad de forma activa, pero necesitamos mantener la flexibilidad. Es posible tomar las riendas de la vida, pero no la podemos controlar. La vida simplemente ocurre, y no siempre ocurre según el plan. El Mindfulness nos da una herramienta maravillosa para que estos momentos inevitables no nos causen más dolor de lo necesario. Si sabemos que no todo está bajo nuestra capacidad de influencia, y dejamos de resistirnos cuando algo desagradable ocurra, aparece una gran serenidad y aceptación.

Por eso es tan útil entrenar la capacidad de “no enjuiciar” cuando estamos en situaciones que en principio “no nos gustan”. Buscar la felicidad funciona, pero no es un proceso perfecto. Habrá desviaciones, decepciones, planes fallidos y expectativas que no se cumplan.

Cuando eso ocurre, es el momento de ejercitar nuestro músculo del no juicio. En vez de dejarnos llevar por reacciones que “horribilizan” el momento, nos quedamos en un plano menos dramático donde puede aparecer un nuevo argumento: “A pesar de que lo haya intentado, no ha ocurrido lo que pensaba. Siento decepción ahora mismo, pero eso también pasará. La situación simplemente es como es, no es mala, simplemente es diferente de lo esperado”.

Por supuesto hay momentos que pondrán nuestra capacidad de no juicio más a prueba que otros. No es lo mismo practicarla cuando hemos perdido el avión, que cuando estamos intentando digerir que un familiar tiene cáncer. Habrá situaciones en las que nos resultará casi imposible no juzgarlos como negativos. Pero lo sorprendente es que incluso en los grandes contratiempos, después de un tiempo de adaptación, la mayoría de las personas vuelven a atreverse a trabajar activamente en su experiencia personal de felicidad. Siguen cultivando sus relaciones, se entretienen con actividades placenteras, disfrutan con una puesta de sol o su helado favorito… y vuelven a celebrar sus logros y éxitos.

Si somos capaces de mantener un diálogo interno sin juicios, podremos conseguir que la intensidad emocional sentida en un momento complicado, sea simplemente eso: un momento de incomodidad pasajero que forma parte de una búsqueda flexible de la felicidad, que nos permite disfrutar plena y conscientemente de los momentos bonitos, sin aferrarnos a ellos.  

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