Publicación de Habitar el Tiempo

Resonancia emocional

Rafael de Silva

El eco o resonancia emocional es una tendencia de la mente que es importante reconocer a tiempo para evitar que se apodere de todo y de todos. Cuando algo malo nos acontece aparece un filtro perceptivo que selecciona todo aquello que justifica tu malestar. Aprende a reconocerlo a tiempo para poder gestionarlo.

Resonancia emocional

La diferencia entre lo deseado y lo ocurrido genera frustración, es decir, todos los días nos encontramos con pequeñas frustraciones y de vez en cuando con frustraciones algo más intensas e incluso enajenantes.

En la mayoría de las ocaciones la frustración es la antesala de la ira en todas su escalas: desde sentirnos molestos, malhumorados, rabiosos…, a una ira en todo su esplendor que lo eclipsa todo y dirige nuestras acciones, palabras y pensamientos sin intermediar la razón, que ha quedado relegada a su camarote hasta que la tormenta empiece a amainar.

Las frustraciones pertenecen al propio acto de vivir, cómo las gestionamos lo aprendemos desde la infancia, te sonará la expresión «tiene un rabieta». Sí, sí, como adultos somos grandes analistas y rápidamente diagnosticamos la emoción, pero pocas veces ayudamos a esta “personita” a que comprenda el origen de lo que siente y qué puede hacer para aliviar y equilibrar ese sentir. Pero este es otro tema que no quiero abordar aquí para no desviarme.

Lo que me interesa subrayar ahora es que cuando la tormenta de la ira está activa y campa a sus anchas comienza a alimentarse de modo compulsivo de todo aquello que la hace crecer sin parar, pasando con facilidad de una tormenta local a un tornado de proporciones épicas. La cuestión es, ¿cómo puedes reconocer, tomar conciencia de este crecimiento imparable antes de que lo arrase todo?, ¿qué elementos puedes localizar para que te ayuden a reconocer este fenómeno y poder intermediar antes de que el desastre se desencadene?

Dentro de la ambigüedad de las palabras, la expresión “resonancia emocional” nos pueda ayudar a comprenderlo y comprendernos mejor. Sirva un ejemplo.

Lourdes está cansada tras un intenso día de trabajo atendiendo reclamaciones y quejas en el departamento de atención al cliente para su empresa. Trabajo en el que ha tenido que desarrollar una gran habilidad para no reaccionar ante los desaires y ofensivas palabras de los clientes. Hasta aquí todo “normal”, un día más apagando fuegos. Pero hoy, por necesidades de la empresa, se ha visto forzada a quedarse una hora más sofocando el malestar de los clientes. Una hora que, aunque se la van a compensar, ha dado al traste con todos sus planes. La nueva hora de salida la introduce directamente en el vespertino embotellamiento de tráfico. Ya no va a poder ir al gimnasio, ni quedarse con sus amigas a disfrutar después en la terracita que tanto le gusta. Ha empezado la tormenta.

En el embotellamiento todos intentan “colarse” para llegar antes a sus casas, lo que dificulta aún más el tránsito. El eco de su malestar empieza a resonar «si la gente no fuera tan egoísta todos llegaríamos antes, ¡qué rabia que justo hoy no esté la policía para sancionar a los listillos de turno!». Al poco tiempo salta en el cuadro del coche la alerta de poca gasolina, «siempre me toca llenar el depósito a mi, estoy harta». A duras penas consigue desviarse para acceder a un surtidor y al ver el precio del combustible… «no deja de subir, siempre pagamos los mismos, los “curritos” y las grandes empresas a forrarse». A la hora de pagar el combustible el cajero, de mala gana le arroja el cambio de forma brusca sin a penas mirarla ni dirigirle una palabra, «tal y como están las cosas encima de que tiene trabajo, se otorga la licencia de tratarme de esta manera». Ya por fin en casa, al aparcar, se da cuenta de que el vecino, de nuevo, ha ocupado la línea separadora y tiene que hacer tres maniobras más para poder ocupar la plaza… «a ver si le da un “chungo” y deja la plaza libre, pues es ta inútil que no sabe lo que es una línea parelela». Es el momento de una ducha “relajante” y al desnudarse frente al espejo… «ni gimnasio ni nada, cada día las carnes me cuelgan más y ya no sé qué hacer.» Tras la cena y dispuesta a ver su serie preferida, recibe la llamada de su madre para quejarse de lo mal que la tratan en la nueva residencia que tanto costó encontrarla y ¡boom! el tornado se desencadena y los improperios que lanza contra su madre van a provocar días y quizá semanas de hostilidades en la relación.

Este resonar y resonar de todo lo que nos hace sentir mal en un momento como el relatado, es una tendencia de nuestra mente de lo más dañina y perjudicial. Y es muy fácil caer en ella, ya que de alguna forma sentimos la necesidad de justificar este malestar, alguien tiene que tener la culpa. Es como si quisiéramos darle sentido aplicando un retorcido filtro perceptivo que enaltece todo aquello que nos frustra, que consideramos injusto y nos hace sentir aún peor, haciendo resonar los truenos de la ira. Bajo su ensordecedor clamor parece que no tenemos nada que hacer más que esperar a que amaine la tormenta.

En este sentido una conciencia temprana de que estás empezando a resonar y aplicar alguna técnica, como las que aprendemos en mindfulness, puede transformar el incipiente tornado en una moderada tormenta de verano. Lo que será bueno para ti y para las personas con las que te relaciones.

Para finalizar, sí aún no has vista la película “Un día de furia” protagonizada por Michael Douglas, te la recomiendo, pues es una puesta en escena que expresa perfectamente lo que he tratado de expresar en este artículo.

Quizá te interese...

Aprende o profundiza en Mindfulness

Sesiones Individuales

Escuela de Mindfulness Habitar el Tiempo

© Copyright 2012 Rafael de Silva. Todos los derechos reservados.

Para estar al día...

Contacto con Habitar el Tiempo
Logotipo Habitar el Tiempo

Solicita tus Sesiones