Publicación de Habitar el Tiempo
El porqué nos hemos establecido metas tan exigentes en distintas áreas de nuestra vida y el porqué nos exigimos tanto por alcanzaras, obviando el impacto que tiene en nuestras vidas y en las de las personas que nos acompañan, es motivo de análisis en esta publicación que te ayudará a comprenderte mejor y establecer los pasos necesarios para gestionar la brecha existente entre el "yo ideal" y el "yo real", origen de tanta insatisfacción y muchas veces de una continua ansiedad y angustia vital.
Rafael de Silva
El concepto del «yo ideal» hace referencia a la versión idealizada de uno mismo, una imagen mental de cómo quisiéramos ser en diferentes aspectos: físico, profesional, social, emocional, entre otros. Este «yo ideal» representa nuestras aspiraciones, nuestros valores y las expectativas que hemos interiorizado, tanto las que vienen de nosotros mismos como las que nos propone, y a veces impone, la sociedad, familia, entorno laboral, pareja, etc.
El «yo ideal» es una construcción mental asentado en distintas creencias e influencias:
El «yo ideal» no es algo negativo en sí mismo; de hecho, puede ser un motor poderoso que nos impulsa a desarrollarnos y alcanzar nuevas metas. Sin embargo, cuando la brecha entre el «yo ideal» y nuestro «yo real» (la percepción actual de nosotros mismos) es muy amplia o insalvable, puede llevarnos a experimentar frustración, ansiedad e insatisfacción crónica.
Autoexigencia elevada y tendencia al perfeccionismo
Cuando aspiramos constantemente a nuestro «yo ideal» sin aceptar nuestras limitaciones y humanidad, es fácil caer en una autoexigencia extrema. Esta mentalidad de «todo o nada» puede llevar al perfeccionismo, donde cualquier error o fallo es experimentado como un fracaso total, cayendo en patrones de desvalorización e insatisfacción continua. El perfeccionismo nos puede dejar agotados y desmotivados al intentar alcanzar metas que, en su definición ya son inalcanzables. Si lo definimos como “ideal” implica que NO EXISTE, es una idea que puede experimentarse como un motor de crecimiento personal o como un tirano sin compasión.
Insatisfacción constante y baja autoestima
Si siempre nos estamos comparando con este «yo ideal», y juzgándonos negativamente cuando sentimos que no estamos ahí, es probable que experimentemos el síndrome de insatisfacción crónica, pues nunca somos «suficientes». Esto puede dañar nuestra autoestima y hacer que enfoquemos nuestras energías en lo que nos falta, en lugar de valorar nuestras fortalezas y logros. Con el tiempo, esta insatisfacción constante puede traducirse en una baja autoestima y en una visión negativa de nosotros mismos cayendo en una profunda desvalorización en la que también se asienta la depresión.
Estrés y ansiedad
La presión por alcanzar este «yo ideal» nos puede hacer sentir ansiedad. A veces, esta imagen idealizada puede ser tan estricta que, en lugar de motivarnos, nos genera un estrés constante, un estado de alerta continuada para no perder ninguna oportunidad en el logro de ese “yo ideal” que, recuerda, NO EXISTE es tan solo una idea. Además este estrés aumenta si creemos que los demás también nos juzgan en base a esos estándares elevados, lo cual puede acabar afectando y afecta a nuestras relaciones personales y laborales.
La envidia
Al mirar a los demás y ver que parecen más cercanos a su «yo ideal», podemos caer en la trampa mental de comparación constante y el juicio auto-crítico continuo. Esto no solo genera envidia, sino que también afecta nuestras relaciones, porque comenzamos a ver a los demás como «competencia» e incluso enemigos, en lugar de como personas con las que podemos compartir y aprender.
Desgaste emocional y falta de autenticidad
Luchar constantemente por alcanzar este «yo ideal» puede hacernos perder de vista nuestra propia autenticidad. La imagen que hemos generado y que nos obligamos a representar, nos desgasta emocionalmente tratando de cumplir expectativas que, a veces, ni siquiera son nuestras. Al intentar encajar en moldes o roles idealizados, podemos alejarnos de nuestra verdadera esencia y perder de vista qué es lo que realmente queremos, con qué estamos alineados. Y cuando sentimos que no cumplimos los estándares, la expectativas, cualquier paso hacia nuestro yo genuino y auténtico nos puede bloquear e inmovilizar por el miedo al qué dirán, vistiéndonos con un traje de yo, estrecho e incómodo que muchas veces nos impide hasta respirar.
Unas cuantas propuestas para ayudarte a gestionar de forma saludable la relación con tu «yo ideal»:
En definitiva que el «yo ideal» pueda ser una fuente de inspiración, de acuerdo, pero es fundamental que no se convierta en una carga o una medida irreal de quién deberíamos ser. Este equilibrio entre aspiraciones y amabilidad es clave para vivir de una forma más plena, sin la presión constante de ese esclavista interior que te fustiga sin piedad para cumplir expectativas tan elevadas que son reales e imposibles.
El tiempo de vida no es tan largo como para dedicar tanto tiempo a la persecución de metas que ni siquiera son genuinamente tuyas. Toma conciencia y revélate, aprópiate de tu vida y rompe las costuras de ese traje que a penas te permite respirar.
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