Publicación de Habitar el Tiempo

Aceptar no es aguantar

Eva katharina herber

No digo que sea fácil aprender a aceptar, pero si estoy plenamente convencida que es mucho más fácil aceptar el momento presente tal como es, en vez de asumir que tendremos que aguantar y sufrir por él. O como dice una frase sabia: «La dificultad es inevitable, el sufrimiento opcional».

Aceptar no es aguantar

Hay una duda recurrente que muchos alumnos de Mindfulness me han hecho:

«Aceptar lo que hay ¿significa que tengo que aguantar lo que sea?». La respuesta desde mi punto de vista es no. Aceptar no significa aguantar. 

Cuando aceptamos algo, significa que ya no hace falta aguantar porque hemos dejado ir nuestra resistencia interna a lo que ocurre en el momento presente.

Cuando hablamos de aguantar, normalmente utilizamos esa palabra para describir una situación que implica un cierto esfuerzo y una resistencia. Describe el sufrimiento inherente en el hecho de estar en una situación que no nos gusta, pero de la que no podemos (o queremos) salir. Aguantar implica que hay una tensión entre lo que es y lo que me gustaría que fuese. 

Aunque hemos intentado dar una connotación más benigna a esa tensión (con frases como: «Has aguantado como un campeón», sigue siendo verdad que “aguantar” no es algo que hacemos alegremente y en paz. El Mindfulness nos enseña una aceptación que nos permite disolver esa tensión, para que podamos dejar de luchar internamente contra lo que nos está ocurriendo. Veamos unos ejemplos:

¿Qué nos decimos cuando estamos agotados tras muchos meses de trabajo duro? «Aguanta, que pronto llegan las vacaciones». ¿Qué decimos al niño que ya no quiere andar? «Aguanta, que en seguida llegamos a casa». ¿Qué le recomendamos a un amigo que ha encontrado el puesto de sus sueños, pero que no le cae bien su jefe? «Si quieres trabajar allí, le tendrás que aguantar».

En todas esas situaciones estamos subordinando y posponiendo nuestro bienestar a un momento futuro en el que las circunstancias nos permitirán sentirnos mejor. Asumimos que tal como es la situación actual, va a ser imposible hacer nada para aliviarla. Sólo nos queda aguantar.

En la aceptación en el sentido del Mindfulness aprendemos a encontrar alivio en el momento presente, cambie la situación o no. La aceptación es independiente de la situación.

Si utilizáramos un planteamiento basado en la lógica de la psicología moderna, podríamos decir que hay dos formas de aliviar una tensión emocional:

1. Cambiar la situación o

2. Cambiar nuestra forma de pensar acerca de la situación.

Lo importante es que en ambas estratégicas el primer paso hacia el alivio consiste en aceptar la situación tal como es. 

Imaginemos que estamos perdidos en una ciudad desconocida y alguien finalmente nos entrega un mapa. El primer paso inevitablemente tiene que consistir en ubicarnos. Solamente si averiguamos correctamente dónde estamos podemos trazar un camino hacia nuestro destino. No tiene ningún sentido negar o sentirnos mal por saber dónde estamos. En el ejemplo queda claro la inutilidad de decir: «Es imposible que esté aquí, me niego, no me gusta dónde estoy». Incluso podemos imaginar una cierta sensación de alivio, cuando nos hemos ubicado en el mapa: «Por lo menos, ya sé dónde estoy».

Vamos a ver cómo podría actuar la persona en nuestros ejemplos anteriores. 

En el caso de las vacaciones el primer paso sería aceptar tanto el hecho de que está agotada, como que aún quedan le quedan unas semanas para empezar las vacaciones. Una vez aceptados estos dos hechos presentes, queda libre para plantear vías de alivio antes de que lleguen las vacaciones. Al dejar ir la idea del aguantar, se puede centrar en encontrar una solución intermedia. No se trata de mirar el momento presente tal como es y sufrirlo, sino tomar una decisión consciente de cambiar lo que podemos cambiar y aceptar lo que no podemos cambiar.

¿Y qué hacemos con el niño que no quiere caminar? La idea es hacer las paces internas con el hecho de que el niño no quiere seguir andando y que está cansado. A partir de ahí, decidimos como actuar. Lo importante es actuar con la ecuanimidad de saber que puede que la situación cambie a través de nuestra intervención…. o no. Lo podemos intentar, pero el resultado no depende al 100% de nosotros. Si para empezar negamos o estamos en una lucha interna con las emociones de un niño, éste se suele resistir e insistirá en su vivencia de la situación. El resultado es una conversación de este tipo:

─ Venga, no queda nada, vas andando a casa todos los días.

─ Sí, queda mucho y ¡no quiero!

Pero si el adulto transmite una cierta aceptación de la situación, tal como es, podrá empatizar con la experiencia del niño y éste seguramente cambie su reacción:

─ Sé que hoy estás cansado y no quieres andar más

─ ¡Sí!

─ ¿A que estaría genial si estuviéramos en casa ya?

─ ¡Sí!

─ Pero todavía estamos un poco lejos, nos queda subir la calle y pasar la panadería.

─ ¡Sí!

Con la aceptación de la situación, el no inicial se transforma en un sí. A partir de ahí podemos acordar un descanso en un banco, cantar una canción, o simplemente pararnos un momento a darle un abrazo y reconocer que a veces es duro ir andando a casa. Incluso podemos decir: «Yo también estoy muy cansado y quiero llegar a casa, ¿me ayudas y vamos juntos?». 

No puedo predecir qué ocurrirá, pero he podido comprobar muchas veces que reconocer lo que ocurre en un momento dado ayuda a disolver la tensión entre un adulto y un niño. Los ejemplos con niños son especialmente interesantes para la práctica del Mindfulness, porque ellos tienen la gran ventaja de vivir en el momento mucho más que los adultos. Nos pueden servir de ejemplo y recordatorio. Cuando recogemos a alguien, niño o adulto o a nosotros mismos, en la realidad de su vivencia del momento, nos permitirán darles la mano e iniciar la transición a otro estado diferente.

Por último, el ejemplo de nuestro amigo y su jefe. En vez de asumir que el jefe no cambiará, podremos indagar en qué momentos exactamente sufre por la presencia de ese jefe. Analizando la situación desde una perspectiva amplia le permitirá ver que hay momentos buenos y momentos no tan buenos en el trabajo. Además, entre los elementos malos habrá aspectos que el amigo podrá influir e intentar cambiar, pero otros estarán fuera de su alcance. No se trata de aguantar y sufrir por lo que es imposible de cambiar, sino hacer las paces con el hecho de que no podemos hacer nada e incluso permitirnos dejar de intentarlo. A nivel interno, eso significa sustituir los pensamientos que agrandan nuestro rechazo de la situación no deseada por otros pensamientos que relativizan la situación. En vez de rumiar «Qué horror su forma de hablar, me saca de quicio, lo odio, quiero que lo deje…». Reconocemos la totalidad de la situación: «Me gustaría que hablase de otra forma, pero no me siento en la posición de pedírselo, o me atrevo a decirle algo o no me queda otra que acostumbrarme».

Vemos que la segunda forma de pensar acerca de la situación se ajusta más a la realidad, y al mismo tiempo nos muestra claramente las opciones de actuación que tenemos. No merece la pena resistirnos ante el momento, nos queda o cambiarlo o si no es posible, aceptarlo tal como es. Todo lo demás es elegir a estar en la queja o la resistencia, porque se mantiene la tensión entre lo que es y lo que nos gustaría que fuera. 

En el momento de aceptar el momento presente, se disuelve la tensión, y así la necesidad de aguantar.

No digo que sea fácil aprender a aceptar, pero si estoy plenamente convencida que es mucho más fácil aceptar el momento presente tal como es, en vez de asumir que tendremos que aguantar y sufrir por él. O como dice una frase sabia: «La dificultad es inevitable, el sufrimiento opcional».

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