Publicación de Habitar el Tiempo
Sentarte en un cojín a realizar una práctica de meditación o salir al aire libre a correr pueden parecer acciones bien distintas. Sin embargo, comparten analogías, sobre todo si integramos la práctica de mindfulness o la meditación mientras corremos. La combinación de las dos disciplinas proporciona una experiencia diferente y resulta un ejercicio doblemente beneficioso.
Rosel Oñoro
Sentarte en un cojín a realizar una práctica de meditación o salir al aire libre a correr pueden parecer acciones bien distintas. Sin embargo, comparten analogías, sobre todo si integramos la práctica de mindfulness o la meditación mientras corremos. La combinación de las dos disciplinas proporciona una experiencia diferente y resulta un ejercicio doblemente beneficioso.
Al correr soltamos tensiones y preocupaciones del día a día, nos sentimos más libres. Al meditar conectamos con nuestra experiencia interna y nos familiarizamos con los procesos de nuestra mente.
Ambas actividades que requieren buena de dosis de intención y motivación proporcionan sensación de bienestar y contribuyen a un estilo de vida saludable.
De la práctica de mindfulness y la meditación mucho sabemos de sus bondades (en las cuáles no hace falta creer, basta con abrirse y experimentar). Al correr, además de los conocidos efectos en la prevención de enfermedades que aporta el ejercicio físico, crecientes estudios afirman el impacto en la salud mental, en la evolución de enfermedades neurodegenerativas y del incremento de la capacidad cognitiva a través de la formación en el cerebro de nuevas neuronas y sinapsis.
Así, la rutina de correr con “zancadas atentas” fortalece huesos y músculos y nos convierte, como decía Ramón y Cajal, en “escultores de nuestro propio cerebro”.
Correr y meditar son buenos compañeros. Te invito a probar, sobre todo si piensas que este deporte en soledad es aburrido o si te cuesta meditar sentado sin moverte.
Si por alguna razón el running no es apropiado para ti, podrás realizar la práctica de movimiento y atención cambiando correr por caminar.
Para orientarte en cómo empezar, comparto esta propuesta de varias fases en las que podrás invertir el tiempo que consideres en función de la duración de tu carrera (o paseo). Una vez que te familiarices con ellas, realízalas a conveniencia eligiendo de modo consciente el lugar donde poner tu atención: ¡Buena carrera consciente!
FASE UNO: POSTURA
Al comenzar a correr, al igual que al inicio de una práctica sedente, es interesante invertir un tiempo en ajustar y prestar atención a una adecuada postura y alineación del cuerpo. Una correcta posición hace ejercicio es más eficiente y evita lesiones:
Una vez ajustada esta posición, invierte unos minutos en contemplarla en movimiento.
A lo largo de la carrera podrás chequearla varias veces y reajustar si es necesario.
FASE DOS: RESPIRACIÓN
La respiración es clave para un buen rendimiento al correr. Durante la carrera, al igual que en la práctica meditativa, podemos convertirla en nuestro objeto de meditación.
Comienza esta fase observando la respiración y su ritmo, el cual dependerá de la intensidad del ejercicio. La forma de respirar suele salir de forma intuitiva en función de la velocidad, pero puedes ajustarla para correr de forma más cómoda o potenciar la capacidad pulmonar. Date cuenta de que lo natural a ritmo poco demandante es inspirar por la nariz y exhalar por la boca, pasando, cuando la carrera es más intensa, a respirar por la boca.
Puedes probar a llenar los pulmones en dos tiempos para introducir más aire y aportar más oxígeno al músculo. Es decir, inspira en dos, exhala en dos y repite. Una vez que lo hayas interiorizado, lo harás de forma natural e inconsciente.
Cuando te des cuenta de que la respiración fluye de forma correcta, céntrate en ella durante un rato. Puedes realizar las siguientes observaciones de forma secuencial o elegir la que sientas que te ancla con más facilidad a tu momento presente mientras corres (¡porque corriendo también se puede divagar y dejamos de estar en lo que estamos!)
Date cuenta si el conteo te ayuda a tener una frecuencia respiratoria rítmica y sincronizada con tu velocidad.
FASE TRES: CUERPO
La práctica de mindfulness fomenta la conciencia y conexión con las sensaciones corporales. Del mismo modo, correr con atención en el cuerpo es un excelente “anclaje” que proporciona valiosa información:
Puedes detenerte en cada parte el tiempo que quieras observando con curiosidad cualquier sensación burda o sutil presente, ya sea agradable, desagradable o neutra. Aprecia las sensaciones de tacto, de presión, contracción muscular, cansancio, temperatura, humedad, contacto con la ropa…
Si surgen resistencias del tipo “No puedo más”, “Tengo que parar ya, etc., explora si se debe a incomodidades o fatigas localizadas en alguna zona concreta. Si no las encuentras, quizá la resistencia proviene de algún pensamiento limitante.
FASE CUATRO: CONTEMPLACIÓN
Una vez pasada la etapa de estar pendiente de la postura y forma de respirar, simplemente queda correr y disfrutar. En este punto dejamos la atención focalizada para practicar un monitoreo abierto donde incluimos todos los elementos del entorno o que suceden en nuestro interior, sin apegarnos a ninguno concreto.
A veces corriendo, surgen ideas muy interesantes de las que puedes tomar nota, pero no te dejes seducir por pensamientos intrusivos. Mucha gente sale a correr para despejarse y desconectar de los asuntos mundanos. Pero lo cierto es que, si tenemos tendencia a darle vuelta a los “problemas”, el running puede convertirse en una auténtica experiencia de rumiación en movimiento automático. Si este es el caso, cada vez que te veas atrapado por algún pensamiento abre el foco y contempla:
Deja que entren los sonidos. Sonidos lejanos, de la naturaleza o de la ciudad; sonidos cercanos como tu pisada o la respiración.
También puedes observar el movimiento y el ritmo al que te mueves, los latidos del corazón, tu temperatura y sudoración o cualquier emoción que te acompañe.
Permite que aparezcan y se vayan sucediendo las distintas informaciones en tu consciencia, sin dejarte atrapar por lo que quiera ser protagonista.
Empápate de tus sensaciones en esta experiencia única de movimiento y libertad con la que fácilmente surgirá la gratitud.
Agradece a tu cuerpo la oportunidad de movimiento que está proporcionando. Agradécete a ti mismo el tiempo que te has dedicado, ¡Agradece estar vivo!
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