Habitar el Tiempo

Publicación de Habitar el Tiempo

Maldito caramelo

Rafael de Silva

La tecnología ya es parte de nuestra forma de concebir el mundo y de cómo lo experimentamos y nos relacionamos con él. Quizá es el momento de reflexionar y ponernos a prueba con este Mindful Tip, si somos nosotros quienes elegimos usarla bajo nuestro mandato o es mas bien ella la que decide por nosotros el qué y cómo experimentar. No te queda otra, pon a prueba tu capacidad de elección.

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En un momento histórico en el que las tecnologías han invadido nuestro espacio relacional y casi cualquier momento de reflexión e introspección surgen todo tipo de alarmas que, como es habitual, levantan de la cama a algún gurú extremista que vomita en las redes sociales lemas como «estamos condenados a ser zombies y nuestra experiencia de la vida se ha vuelto incomprensible si no es a través del móvil». Y quizá le valga para obtener más likes en la misma red social que demoniza. Pero, como me gusta recordar, apliquemos el camino medio pues los extremos son, tal cual nos ha mostrado la historia, fuente de conflictos y confrontaciones que muchas veces han acabado desencadenando la barbarie.

Es cierto que si observamos a las personas bajo ese lema un día cualquiera en el transporte, en un restaurante o en cualquier espacio colectivo e incluso familiar, es fácil sumarse al argumentario del gurú. Sin embargo me parece apropiado rascar un poco la superficie para encontrarnos con algunos aspectos que quizá nos ayuden a equilibrar la balanza advenediza del incipiente mal.

Conocemos que nuestro cerebro es adicto a los caramelos que son de colores y huelen tan bien que, uff… es difícil resistirse. Entre leer la novela histórica que tiene tanta información necesitada de ordenar y que demanda un esfuerzo de atención importante, y ver el vídeo de esa tipa que se desnuda en mitad de la Gran Vía insultando a las mojigatas que opinan que la exposición carnal es la semilla del diablo pues… ¡ya me dirás!

Es decir: rápido, intenso y sin sudar. Nuestro cerebro coge la autopista hacia la gratificación inmediata, pues la cultura del esfuerzo para intentar conseguir un bien mayor está, cuanto menos, pasada de moda. Y además está condenada por la tribu de los nativos digitales, que rápidamente te increpará para disuadirte de semejante gesta «pero, ¿qué haces con ese libro, no te has visto el vídeo de…?»

Y ante el riesgo de sentirte excluido de la tribu, cerrarás de golpe el libro y te quedarás sin la riqueza que podría otorgarte, bajo un ardid mental que cristaliza en un pensamiento del tipo «bueno, seguro que alguien ha hecho un vídeo “supermolón” para explicar de formar resumida y entretenida toda esta etapa histórica, y como además puedo reproducirlo al doble de velocidad, todo son ganancias».

Así que se amable, pues la directriz evolutiva de ahorro energético, va a priorizar aquello que menos esfuerzo te suponga obteniendo la máxima gratificación. Eso sí, a costa de no degustar con plenitud nada que sobrepase un tiempo determinado y requiera algo de esfuerzo.

«La cima de la montaña está muy lejos y la pendiente es muy pronunciada. Si me hago un selfie en el mirador más cercano, es más que suficiente y me daría tiempo a coger el funicular para hacerme una foto en ese sitio que sale en los perfiles de los “influencer” a los que sigo».

No caigas en la autoindulgencia por conocer el poder de los automatismos en tu cerebro. Tienes un papel activo para evitar que en tu vida las fotos huecas y vacías de experiencia llenen tu álbum.

Y aquí es donde te invito a trabajar la gestión de impulsos, que trato más profusamente en el curso de 8 semanas.

Lo primero que tienes que plantearte es, «¿soy yo quien elige qué ver, cuándo y durante cuánto tiempo, o es el propio diseño de las redes junto a mi necesidad de no perderme nada* el que decide por mí?» De forma automática nos decimos, «soy yo, por supuesto, puedo dejarlo cuando quiera», pero para poder aseverarlo deberías probarlo, ¿no?

Sin llegar al extremo de “fuera el móvil” y aplicando el camino medio, si sientes que son las tecnologías las que en demasía deciden, convirtiéndonos en peleles de las mismas, ya tienes la fuerza necesaria para empezar a gestionar este impulso.

Lo primero es trazar un objetivo asumible y realista del tipo, «cuando vaya en el transporte o esté esperando a alguien, no voy a refugiarme en el móvil para obtener el caramelo que mi cerebro adicto me reclama» Pero como esto puede ser muy exigente al principio, ponte un temporizador de 5 minutos en el que cumplas con este reto. Y en la medida que tu cerebro modifique sus circuitos pasando del «¡vamos a morir todos!» a un «pues no ha sido tan grave», aumenta a 10 minutos y así progresivamente hasta que la necesidad de echar mano del móvil no sea tal. 

Y te puedo asegurar que el placer de haber impuesto tu voluntad por encima del impulso te hará sentir muy muy bien, pues habrás ganado grados de libertad y podrás tener la certeza de que eres tú quien decide. Y esto no tiene precio, pues comprenderás y facilitará que puedes aplicar esta gestión de impulsos a otras áreas de tu vida donde consideres que sería importante hacerlo.

Eso sí, sé amable, pues al principio el impulso te pasará por encima y te darás cuenta a posteriori, que te ha ganado la batalla. Te levantas, te sacudes el polvo y a lo Clint Eastwood te dices «has ganado esta batalla, pero no la guerra. Te espero en la siguiente».

En estos años he tenido la suerte de acompañar a muchas personas en su objetivo de gestionar algún impulso que les complicaba la vida. Sus expresiones al irlo consiguiendo y pasar de la incredulidad inicial al dulce sabor de la libertad, son difíciles de describir.

¡Anímate! Pues los pequeños logros de cada día pueden suponer grandes cambios.

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*no dejes de leer sobre el síndrome FOMO

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