Publicación de Habitar el Tiempo
No podemos sobrevivir sin dormir. La percepción del mal dormir es angustiosa emocionalmente y la realidad del mal dormir es perjudicial físicamente. ¿Qué podemos hacer al respecto?
Charo Rubio
Hija, estate en lo que estás». Me decía mi madre. Y necesité llegar a ser bien mayor para entenderlo.
«No duermo nada», «parece que duermo, pero no descanso», «no puedo dormir», «duermo fatal», «cada vez duermo peor», «cuanto más lo intento, menos lo consigo»…
Estas y otras afirmaciones parecidas, todas ellas planteadas desde la preocupación, el cansancio, la impotencia, y a veces desde la angustia, son habituales en terapia. Aunque algunas no son literalmente correctas -porque no podemos sobrevivir sin dormir en absoluto-, la percepción del mal dormir es angustiosa emocionalmente y la realidad del mal dormir es perjudicial físicamente.
De nuevo, como en los dos artículos anteriores relacionados con el caminar y el comer, nos podemos preguntar qué tiene que ver elbuen dormir con la salud mental, con el bienestar subjetivo.
Podríamos decir, que las “tres patas” sobre las que se sustenta el ánimo saludable, el bienestar emocional, son estas tres funciones sencillas y básicas de la conducta humana. Es tan sencillo, está tan al alcance de la mano (es más preciso decir que debería estarlo, porque en condiciones de pobreza o de guerra deja de ser algo alcanzable), que no se nos ocurre relacionarlo con algo tan complejo como el sufrimiento, en forma de depresión, ansiedad, pensamiento obsesivo, u otros trastornos de la emoción y la conducta.
Los desajustes en el sueño son un componente presente con frecuencia en las dificultades que se afrontan en terapia, siendo a veces motivo de consulta.
Hay asuntos externos que facilitan lo que se suele denominar mal dormir o “falta de higiene en el sueño”: La sobreestimulación sensorial que supone la televisión y todos los dispositivos con pantallas que ocupan horas del día a día de muchas personas, el escaso o a veces nulo ejercicio físico cotidiano que tendríamos simplemente con desplazarnos caminando o los horarios tardíos desregulados en la alimentación. Todos ellos son predictores de un mal dormir.
Existe una clara interdependencia entre los tres factores a los que nos hemos referido en estos tres artículos: el ejercicio físico, laalimentación y el sueño. La mala alimentación o comer a deshoras, de forma desregulada, altera la función del sueño; y la falta de ejercicio físico influye en ella de modo químico, directo: el ejercicio físico continuado (sencillo, caminar una hora al día) libera una hormona llamada oxitocina, que contribuye directamente a la disminución de la activación de la amígdala central, y la menor estimulación de dicho órgano cerebral reduce la función de tensión y alerta del sistema nervioso autónomo siendo, en consecuencia, un facilitador del sueño.
Por todo ello, establecer pautas cotidianas que nos permitan una mayor “higiene del sueño”, va a repercutir, no sólo en un buen descanso, sino en un mayor bienestar emocional.
Algunas pautas importantes para una buena higiene del sueño son las siguientes:
De nuevo, y relacionado con la intención del Mindfulness, «dormir cuando dormimos”, es una expresión en la que podríamos resumir todo lo anterior.
Por eso, he dedicado esta entrega de la serie sobre salud y vida cotidiana a los hábitos relacionados con el sueño que, además de tener mucho que ver con nuestra salud física, también lo tienen con la salud psíquica y el bienestar emocional.
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